“Hay una necesidad de valores, no únicamente de leyes o medidas, en lo político y económico”
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¿Cómo vive Europa la crisis financiera mundial?
Cada continente, cada país tiene su manera de reaccionar a la crisis, aunque, al ser mundial, demanda una respuesta global. Se han tomado
decisiones, pero, en Europa, me parece que hay una necesidad de valores y
no únicamente de leyes o medidas políticas y económicas. Quiero decir,
la crisis es resultado de una cierta mentalidad no sólo de un método de
gestionar el mundo. El Papa habla de la necesidad de una ética de la
economía. Para los responsables, esta ética parece ser una alternativa
al capitalismo, al mismo tiempo, un liberalismo sin capacidad para ver
las consecuencias de sus ideas, y éste es el verdadero peligro que
continúa. La gente no percibe, por el momento, resultados positivos de
las decisiones tomadas. Los dirigentes opinan que hay que esperar un
poco, que, recién en 2010 o 2011 la situación va a cambiar. Mirando las
secuelas en lo laboral, no creo que sea tan fácil, porque, una vez que
una empresa cerró, es más difícil, encontrar trabajo no es equivalente a
cambiar una idea o una información.
Hubo varias reuniones, como la del G-20, con el objetivo de generar dispositivos para sobrellevar la crisis. ¿Qué salida se le puede dar al
liberalismo salvaje? ¿Qué medidas cree que se deberían tomar para ir a
mecanismos más sanos de convivencia?
En estas reuniones internacionales, no existe el proyecto de una sociedad y economía diferente, se buscan encontrar soluciones a la urgencia del
contexto. Simplemente se hicieron algunas variaciones por las
consecuencias nefastas del liberalismo. No están pensando en valores
diferentes, en un cambio radical.
¿Cómo ha incidido esta crisis en materia de comunicación?
Las empresas de comunicación tienen responsabilidad en cómo han entendido y presentado el fenómeno, es decir, parece que hay dos crisis diferentes,
porque la mediación necesaria e indispensable de la información no
presenta un mensaje homogéneo en los periódicos, en la televisión y en
la radio. No hay sincronía en el relato. La crisis ha posibilitado que
se advierta que la información es de interpretación, que no está mal,
pero que no facilita al receptor conocer más, sino únicamente una
opinión, éste es un poquito el juego de la comunicación actual.
¿De qué modo podríamos contribuir los comunicadores en esta coyuntura global?
Argumentando, de una manera clara, no sólo la crónica periodística, donde están las razones y consecuencias de la crisis, y por qué se han escogido ciertos
caminos. Es complejo, puesto que las empresas de comunicación tienen
participación en los hechos económicos. Por lo tanto, muchos periodistas
no pueden juzgar la realidad financiera en su totalidad por los
intereses de los propietarios de los medios.
En el actual mundo globalizado, la comunicación lleva un poco la vanguardia cultural. ¿Qué aspectos positivos y negativos ve en la
cultura globalizada que vivimos?
Quizás, entre los efectos positivos, se encuentra la colaboración mundial, cuando surgen problemas, por ejemplo, de salud o ecológicos, ya que la
rapidez en la propagación de la noticia puede servir a la convivencia
social. Lo negativo se observa en casos judiciales, donde la noticia
queda más en la acusación a una persona que en el proceso y la
resolución. Otro aspecto negativo es la competencia de los medios de
comunicación que, en realidad, son parte del mismo grupo; sin embargo,
parece que dan visiones diferentes, y no es así, porque escogen un nicho
de público al que dirigirse. De modo que una corporación puede tener
una comunicación eficaz sobre públicos diversos, por ello, no es una
competencia, sino una voluntad estratégica.
Internet ha logrado superar la unidireccionalidad de los mensajes, hay más feedback entre los públicos. ¿Qué consecuencias ejerce esto en las
personas?
El proceso de comunicación ha cambiado totalmente con las tecnologías del lenguaje digital. En Internet, el destinatario es una definición
múltiple, ya que es, a la vez, comunicador y receptor, prepara y envía
mensajes. No obstante, hay que ver, en realidad, cómo se vincula esta
libertad de publicar los propios pensamientos a la influencia concreta
en los demás.
En las nuevas relaciones sociales que se suscitan por los nuevos medios, como Internet, se observa mucha simulación y ficción. ¿Hasta dónde es
sano?
Muchas personas no pueden vivir una vida de relaciones concretas como antes, padecen un problema casi psíquico, esto es una de las consecuencias
nocivas. Todas las tecnologías tienen algo negativo, pero me parece un
poco simple decir dónde está el bien y dónde el mal. Más profundo es
pensar en sacar lo positivo de lo negativo y saber qué cuidados adoptar.
Por otra parte, es importante considerar las nuevas tecnologías desde
un punto de vista pedagógico.
En nuestro país, son muchos los que no tienen acceso a las nuevas tecnologías. ¿Qué se podría hacer para incluirlos?
Ayudar en lo económico y en lo educativo; y un tercer elemento, es dejarlos expresarse y que organicen su vida como ellos quieran. No tratar de ser
la voz de los que no tienen voz, dejarlos hablar y ejercer sus derechos
sin que otros lo hagan por ellos.
¿Cómo percibe la comunicación en la Argentina?
En el plano de la comunicación pública, no sólo religiosa, se mantiene el deseo de cuidar la libertad de opinión en un contexto político donde
existe una cierta visión de la información. Los comunicadores gozan del
derecho de trasmitir las cosas del modo que las piensan y no como les
gusta a los que mandan en la sociedad; esto es un signo de salud de la
comunicación en este país. Es importante no sólo la libertad en las
palabras, sino también en las iniciativas, aunque sea difícil y no
siempre sea posible.
¿Qué piensa de la tarea que están desarrollando los paulinos en nuestro país?
Los paulinos de este país son un ejemplo de capacidad, porque tienen el coraje de trabajar por proyectos. Cuando una congregación tiene planes
es como tener hijos. Asumir proyectos apostólicos constituye un signo de
vida, porque, sin ellos, perdemos la posibilidad de estar cerca de las
personas; y ése es el fin de una institución religiosa.
Por último, ¿qué mensaje les da a nuestros lectores?
Que sean capaces de abrirse a nuevas ideas e informaciones, que puedan asumir un juicio sobre lo que leen. Es importante que la revista se
convierta en una fuente constantemente visitada y que logre fidelidad en
sus lectores.